miércoles, 16 de marzo de 2016

CSI Microbiológico


Cada uno de nosotros andamos rodeados de un halo único de microbios y, ahora que la ciencia es capaz de detectar ese “código personal”, ¿podemos aprovecharnos de su potencial forense?

Todos nosotros dejamos una huella de microbios. Nos sigue una nebulosa invisible de bacterias, hongos y virus que es inevitable que pase a todo aquello que tocamos, a la gente con la que nos relacionamos o al mismo aire que nos rodea. Desde hace poco, hemos empezado a aprender a descifrar su mensaje, y los resultados observados parece que pueden cambiar la ciencia forense y policial para bien.

Imagínate al Grisom del futuro resolviendo casos con un sensor microbiano, aspirando el aire para analizar los microorganismos que hubiera en la escena del crimen para cruzarlos con los de los sospechosos. Seguramente los capítulos no durarían tanto ya que el grupo de científicos forenses resolvería los casos en un momento.

James Meadow de la Universidad de Oregón, en Portland, y su equipo en 2014 centraron sus esfuerzos en comparar el ADN obtenido de teléfonos móviles y el presente en los dedos de sus sueños, y el 82% de los resultados han coincidido. Ahora, están haciendo otro experimento. En una sala hermética, sientan a distintas personas, a las que les dan la misma ropa, durante cuatro horas para observar cómo cambia y cuan diferentes son las “nubes” de microbios que cada una de ellas puede generar.

Todo parece indicar que el microbioma de tu piel - y, por extensión, el de tu “nube” – puede actuar como un código de barras que te identifique. Pero esto no es todo. Otra faceta de la investigación señala que nuestro microbioma conserva una huella de lo que hemos hecho, dónde y hasta con quien. Los científicos han observado cómo en ambientes de convivencia, las nubes microbianas se entremezclan y llegan a cruzarse especies de microbios.

Aunque el ADN es el estandarte de la ciencia forense, no puede decirte dónde ha estado una persona, con quién se ha reunido o si tiene alguna mascota. Pero, según él, “en el futuro  la medicina forense será capaz de obtener toda esa información y más solo tomando una muestra de polvo”. Las muestras del microbioma de una persona jamás serán iguales, pues el genoma de las células bacterianas y los virus están en constante mutación y reproducción. Como resultado de todo esto, hay que trazar lazos entre las muestras de microbioma comparando poblaciones de millones de microbios diferentes y ver cómo se relacionan en términos de abundancia y ADN.

Pero usar las “nubes” para identificar a las personas y controlar sus movimientos sigue estando lejos de ser admisible como prueba en un tribunal. Será necesario hacer muchos más estudios en poblaciones mayores y en ambientes de la vida real. Además, para identificar que la persona estaba en una escena se tendría que crear y administrar grandes bases de datos para comparar las muestras, lo que hace que se ponga en cuestión la privacidad.