jueves, 28 de abril de 2016

Mamá vaca



La leche del pecho de la madre es la mejor alimentación para un recién nacido. Sabemos que contiene una gran cantidad de componentes beneficiosos, incluyendo anticuerpos que protegen al bebé de enfermedades y, por otro lado, las vitaminas y proteínas necesarias para su desarrollo. Pero la leche de vaca provee al bebé de una fuente barata y eficaz de prebióticos, es decir, de ingredientes no digeribles que benefician al organismo mediante el crecimiento de bacterias en el colon.

Es importante controlar el crecimiento bacteriano de nuestro sistema digestivo. El primer contacto del bebé con bacterias debe ser con aquellas que se cree que afectan a otras especies microbianas capaces de crearse un hogar en su intestino. Esto permitiría que los organismos equivocados pudieran poner a una persona en el riesgo de desarrollar todo tipo de transtornos, incluyendo la obesidad o el Parkinson.

El intestino de un recién nacido es mucho más simple que el de un adulto sano. “Más del 90% de los bebés tienen en su intestino Bifidobacteria longum infantis”, dice David Mills, de la University of California at Davis. Si esta bacteria no domina en el aparato digestivo del bebé, otra bacteria perjudicial podría hacerlo.

El equipo de Mills ha encontrado un componente en la leche de la vaca que puede fortalecer el desarrollo de la B. infantis. Los investigadores están usando una enzima para separar los oligosacáridos y las proteínas de la leche de vaca y están intentando hacer crecer la bacteria en cada uno de los componentes. El crecimiento de la B. infantis ha fallado en las proteínas extraídas de la leche de vaca, pero están apareciendo resultados favorables de crecimiento en oligosacáridos.

Karen Scott, de la University of Aberdeen, UK, está de acuerdo con el optimism que rodea a este hallazgo. “Parece ser que si tratas la leche de vaca con esa encima se podrá obtener una fuente económica de oligosacáridos, que son realmente difíciles de manufacturar”.

El objetivo que se han propuesto Mills y su equipo es el seguir investigando cómo afecta esto al mantenimiento o proliferación de la B. infantis en el intestino de los recién nacidos, pues “A medida que conocemos más a esta bacteria podemos diagnosticar intestinos sanos en bebés sanos”.